Teatro y Movimiento


"Entra Adela. Mira a un lado y otro con sigilo y desaparece por la puerta del corral. Sale Martirio por otra puerta y queda en angustioso acecho en el centro de la escena. También va en enaguas. Se cubre con pequeño mantón negro de talle. Sale por enfrente de ella María Josefa."


"La Casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca.

Flamenco y experimentación. 

 

¿Puede permitirse el flamenco niveles de experimentación que comprometan las formas estructurales de su lenguaje?


"Bésame el Cactus" se llama la obra creada e interpretada por la artista española Sol Picó, presentada en el IV Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires. En la puesta, se hace "uso" del flamenco de una forma bastante peculiar: la intérprete baila por tangos en zapatillas de punta.

Arrebato, desmesura, desborde; y todos los hijos que se nos ocurran de los sustantivos de la pasión, ayudan a pintar este cuadro verborrágico -porque el cuerpo y el movimiento también pueden ser verborrágicos, desbordados de textualidad - llamado "Bésame el Cactus". Emociones expuestas en el campo escénico -campo de batalla- donde el honor vale mucho más que el miedo, y no se deja intimidar por ningún pudor. "Lo que deba ser, será" pareciera dictar la sentencia asumida por esta mujer, "...que se adentra en un territorio de pinchos, espejismos y demás trampas mortales... donde cada acto vital supondrá un nuevo riesgo..." Pero, ¿tiene otras opciones? No, no las tiene; aunque sí tiene, y no es poca cosa, la posibilidad de mostrar su fragilidad: "¿Alguien quisiera quemarse conmigo?", pregunta la heroína con voz trémula.

Si tuviésemos que inscribir esta obra en algún género, en realidad, deberíamos aludir a la esfera híbrida y compleja de las artes escénicas, conformada por el entrecruzamiento de diferentes lenguajes que, si bien pueden mencionarse uno a uno a los fines del análisis, al momento de ver la obra forman un todo irreductible. De estos lenguajes y técnicas, podemos nombrar a la danza clásica, la danza contemporánea, el flamenco, el teatro, la técnica del clown; entre otros. Estos códigos están tomados como insumos y herramientas, pero también como los argumentos y sentidos que circulan y construyen "Bésame el Cactus". Son lenguajes, pero no en el sentido instrumental del término, no son exclusivamente tecnologías 'utilizadas' para construir otra cosa, son también los significados, o más bien, los significantes que se constituyen como sentidos en sí mismos: en este caso, tanto la danza clásica como el flamenco, están puestos en el lugar de los argumentos. Qué quiere contar una mujer que, anclada en sus zapatillas de punta y su tutú, con una venda sobre sus ojos, se adentra en un jardín de cactus y "ejecuta una coreografía" reconocida en los movimientos de la danza clásica que se instituye como la prueba de sortear las espinas. ¿Por qué bailar en zapatillas de punta en medio de los cactus? ¿Qué hay más allá de la evidencia formal? En este momento, sumamente poético, de una estética visual realmente bella, la mujer habla de sí misma en relación con los "supuestos peligros" que hay que enfrentar, a ciegas, sin abandonar la dignidad. Pero, quizá, también hable la danza de sí misma, de su lenguaje como un código que a la intérprete se le presenta bajo las percepciones de una experiencia de enajenación, que la enfrenta a las posibilidades del dolor, como un mandato extremadamente riguroso y disciplinar. Un juego de tensión interesante que pone en relación una técnica de baile determinada y un contexto escenográfico (el jardín de cactus) que no pertenece al universo de ese lenguaje, y que por esa contradicción, lo desestructura produciendo sentidos contrapuestos.

En el caso del flamenco, también podemos referirnos al trastocamiento de sus aspectos formales y a la emancipación respecto de su rol instrumental de código usado en función de otros argumentos. Podríamos decir que aparece como una técnica enrarecida en su apariencia formal (la intérprete baila por tangos en zapatillas de punta) pero intacta en su contenido pasional.

No es casual que la secuencia de flamenco sea la última escena de la obra. En el momento en que ya no quedan estrategias, ni trucos, ni ningún otro intento fallido de la protagonista por agradar a su público -porque "Bésame el cactus" es, ni más ni menos que la demostración continua de un afecto en busca de su correspondencia; la interpelación al otro para hacerlo cómplice de la propia desesperación- aparece la danza flamenca con su impronta introspectiva, cansina, sufrida... Atributos de un baile que pareciera representar, en cierta forma, la condición de lo verdadero, de las emociones más descarnadas.

Decíamos que, el baile flamenco llega en el momento justo, el momento en el que la protagonista ya ha transitado por varios lugares y se ha enfrentado a muchos de sus temores. Entonces, abatida, se deja y se abandona a esta danza como si fuera atravesada por ella, en este sentido se refuerza la idea de su carácter de verosimilitud, el cuerpo habla como una suerte de medium, y por eso, porque sólo es mediación, la subjetividad se borra y aparece la misma danza, el mismo lenguaje hablando de sí mismo. Esta escena, de extrema sinceridad y profunda belleza, deja a la platea absolutamente conmovida. La intérprete baila flamenco en zapatillas de punta y lo hace de una manera indiscutiblemente flamenca.

Podría decirse, entonces, que el núcleo de significaciones que construye el universo de un lenguaje puede trascender los estereotipos de sus formas.

Con un sentido del humor muy particular, que predomina a lo largo de toda la obra, Sol Picó habla del amor, el desamor, lo femenino, la soledad, la fragilidad, los temores; entre otros delicados asuntos. Esta "mujerbicho" -así define al personaje el programa de mano- transita por los lugares extremos, merodea los bordes de lo desconocido, los tienta, agotando sus recursos, pretendiendo ganarle terreno a ese mundo que se desconoce, pero que se intuye como posible.

Una mujer armada y desarmada a la vez, que se presenta sí misma como la antiheroína.

Una mujer que habla de su desesperación, de la urgencia de su deseo, interpelando a esa masa indefinida de espectadores que la observan. Último esfuerzo de bufón herido.

Una mujer que se asume protagonista de una escena fallida, batalla perdida de antemano, pero batalla a dar, de todos modos, con la misma intensidad, aunque se sepa con certeza que al final, hagas lo que hagas, como dice la amiga Julieta, "siempre lloverán tomates del cielo".


Entrevista a Sol Picó


- ¿Quiénes fueron tus maestros?¿Cómo fue el recorrido de una formación profesional tan diversa?

- Empecé estudiando la carrera de danza clásica en mi pueblo, Alcoy, paralelamente a la de flamenco, con una auténtica maestra que ya me introdujo de lleno en el mundo de la sensibilidad del clásico y el rigor... Imagino que como era muy joven, me caló bien hondo. A partir de ahí, Barcelona, París, Madrid... estudiando todas las técnicas estudiables en el contemporáneo. De nuevo en Barcelona, trabajé con una formación de artistas bastante peculiar, se llamaban Los Rinos, ex miembros de La Fura dels Baus. Con ellos entré en un mundo de arte total, de mezcla sin pudor de diferentes disciplinas artísticas. Empecé a fusionar, de una manera muy instintiva, todas las técnicas aprendidas. Recuerdo que tenía un paso a dos, muy sensual, con un cerdo vivo...

Después hice mi primer solo de 20'. Tenía necesidad de expresar lo que me estaba pasando. Mi intención, cada vez que hago algo nuevo es avanzar. Creo que los mensajes, o lo que me mueve a crear, siempre es consecuencia más o menos directa con el momento que estoy viviendo o alguna situación que me ha marcado recientemente.


- En el caso particular de Bésame el Cactus da la sensación que nadie podría estar en tu lugar... ¿Cómo abordás los procesos creativos?

- Cuando tu te lo guisas, tu te lo comes. Muchas veces te lo produces e incluso, te lo vendes, se hace tan tuyo que es muy difícil la transmisión a otra persona, más por un extraño pudor que otra cosa. Yo creo que todos somos perfectamente sustituibles. En el caso de Bésame el Cactus, hace tiempo que me hago esa pregunta, pero aún no me decido...

Encaro los procesos creativos con mucha ilusión y con un cierto grado de excitación. Una sensación parecida a cuando emprendes un viaje hacia un lugar desconocido. Al principio, paso muchas horas encerrada sola en el estudio, pasando por todas las fases habituales: dudas, retrocesos, depresiones; todo te parece horrible... Me muevo mucho para encontrar material físico nuevo, escribo todas las ideas que van apareciendo y van consolidándose. Posteriormente, van entrando en el proceso todos los colaboradores, y empezamos a cocinar todos juntos.


- ¿Qué es lo que pretende decir esa mujer de Bésame el Cactus?

- La pretensión de esa mujer, esa extraña mujer, es superar su propio miedo, sus propias angustias a la hora de enfrentarse ante cualquier situación de la vida. Ante el amor, por supuesto... Da la sensación de que quizás se aferra con demasiada desesperación al amor. Ya sabemos que cuanto más miedo tienes, más te atrapas y las consecuencias de ello no suelen ser muy buenas. El miedo no nos deja ser libres y sin libertad es difícil caminar tranquilo por la vida.


- Respecto del clásico y el flamenco, ¿cómo trabajaste con estos lenguajes? ¿Cómo es eso de bailar un tango en zapatillas de punta?

- La escena del "jardín", que es el nombre que le doy al momento del clásico, la bailo como una secuencia de máximo riesgo por la problemática de llevar una venda en los ojos. Creo que nos movemos por el mundo sin ver más allá que lo que tenemos delante, como ciegos. El hecho de utilizar la técnica clásica como recurso es algo que apareció de la pura intución.

Las zapatillas de punta fusionadas con la técnica flamenca es algo que hace tiempo vengo utilizando. Un buen día sentí la curiosidad de volver a usarlas. Me empecé a mover, primero utilicé música disco y luego apareció una bulería que me entusiasmaba de manera que la intenté bailar con las puntas. Casi me mato, pero desde ese momento, empezó a salir la esencia de esa extraña fusión.

Tengo que decir que es un lenguaje en el que sigo experimentando porque me resulta bastante delicado. Todas las técnicas aprendidas están ahí, el cuerpo las tiene retenidas en su memoria física y cuando me dispongo a moverme van apareciendo , van viniendo.


- ¿Cuáles son tus opiniones sobre el flamenco en la actualidad? ¿Cómo fue recibida la obra, allí en España?

- Yo soy una enamorada del flamenco en todas sus expresiones: cante, baile... En general, tanto el mundo de los más ortodoxos como el de los menos, me interesa, y siempre descubro aires nuevos. Me siento más identificada con personajes del baile, en concreto. Por ejemplo, hay una bailaora que me encanta y me parece de lo mejorcito: Eva la Yerbabuena... Ella, siendo una de las grandes, no le vio reparos a lo que yo propongo con esa forma de acercarme al flamenco... Creo que eso va en gustos, y en la capacidad de entrar en nuevos lenguajes de cada espectador.

En general la acogida es sorprendente, pero buena. De hecho, en estos momentos, estoy en contacto con un bailaor de flamenco para crear una pieza donde él baile en su especial estilo, y yo con las puntas, en un intento de paso a dos. Está todo muy tierno y no quiero dar mucha información por si acaso... Ya sabes, si se habla antes de tiempo de algo que todavía no está, ¡mal aguero!

Esta nota fue publicada por la revista "Contratiempo" (Flamenco), Buenos Aires, Argentina, 2003, en una sección de nuevas tendencias.