Con motivo
del desarrollo del Argentino de Teatro, encuentro
organizado por la Universidad Nacional del Litoral , estuvieron
presentes en la ciudad de Santa Fe miembros de CRITEA,
la Asociación de Críticos Teatrales Argentinos.
Entre ellos Julio Cejas, del diario Página
12, medio donde cubre la actividad teatral de la ciudad de Rosario.
Aprovechamos la oportunidad para entrevistarlo y pedirle su personal
visión, una vista panorámica, acerca de lo que sucede
con el texto en el teatro rosarino contemporáneo.
Yo lo que vengo
notando hace mucho es que empieza a resonar un poco –y, como siempre,
en Rosario empieza desde Buenos Aires– la idea
de la escritura a partir de la experiencia, de la dramaturgia del actor,
del director. Independientemente de que esto se venía trabajando
en algunos talleres pero sin ninguna producción resuelta en puesta
en escena, sino que quedaba todo dentro del terreno de la experimentación,
hasta que comienza a haber un trabajo de desplazamiento en donde encontramos
gente que sí trabaja con esta cuestión de la intertextualidad.
Parten de algunos textos para producir el propio texto de elaboración
conjunta y ese texto junto con el grupo de trabajo.
Aldo Prico es un tipo que está en la universidad y que vino
de las letras, y hace tiempo que estaba trabajando con estas cuestiones,
incluso tiene una experiencia con uno de los autores de Mabel,
Matías Martínez (que usa el seudónimo
Drosófilo y ha ido generando también varios trabajos
de texto, de intertexto y de dramaturgia propia) uniendo trabajos de
ambos sobre Juego de Damas Crueles, un texto de Tantanián.
Ellos empezaron a trabajar desde la experiencia de Gustavo
Di Pinto, concretamente en un ciclo que se llamaba Familia
Transgénica. La idea era laburar sobre distintos tópicos,
esta cuestión de las nuevas formas que se dan en la familia,
lo que ellos veían sobre cómo se habían trastocado
los roles de padre, hermano, hijo. Se veía en esta escritura
que intentaba ser un ciclo con dramaturgia propia (en esa oportunidad
estaba también Hessel), invitaron a un par de dramaturgos
de Buenos Aires, y esa gente crea trabajos propios como Victorino
Pacheco, un trabajo que armó y escribió Gustavo
Di Pinto. El ya había empezado a trabajar con un texto que
después alcanzaron a editar en una edición chiquita. Siempre
fueron textos que costó mucho trabajo armar para editar porque
eran parecidos a guiones. Nosotros, en la revista El Espacio Vació,
empezamos con el proyecto de editar algunos textos dramáticos
en cada número, y hablabamos con ellos justamente sobre cómo
les costaba transcribirlos o escribirlos, porque no era el formato clásico
de la dramaturgia sino que tenían a veces simplemente pautas
o guías para el laburo, fundamentalmente de los actores. Así
se producen obras como A la gran masa argentina, un
trabajo muy interesante de dramaturgia propia y de los actore, en este
caso se trata de juegos que tienen que ver con una interpretación
del peronismo donde intervienen también otro tipo de conocimientos
(dado que él era panadero).
Ese grupo particularmente es el que más se interesa en esta cuestión
de la dramaturgia, como también se interesó y logró
cosas muy buenas Juan Hessel, que dirigió Almas
fatales, una obra que después participó en la
Fiesta Nacional de Teatro en Mendoza. En este momento está
haciendo Naturaleza muerta, también en la misma
línea
de la dramaturgia de actor. Almas fatales es un trabajo
basado en una novela pero que él adapta al trabajo actoral precisamente
sobre una historia bastante oscura de Lugones, del poeta Lugones
y la situación que está viviendo en ese momento con
la que sería su amante y el hijo de Lugones, que
era un personaje de orientación bastante fascista. Hay un juego
muy importante que recupera el registro de la actuación, una
actuación distinta y que va modificando permanentemente la política
del texto. Naturaleza muerta también es un trabajo
de dramaturgia ya sí de actores, tres actrices y Hessel que
coordina el trabajo hasta que se arma un texto popio.
Bueno, a su manera El Rayo Misterioso también construye
alguna poética de escritura como con Litófagas,
que escribió Aldo el Jatib pero que después
la siguó Oscar Medina haciendo otro trabajo distinto.
Son trabajos de reescritura permanente.
Santa Eulalia, que es el texto que
nosotros publicamos de Leonel Giacometto, es otro
laburo que surge en colaboración con Patricia Suárez,
la autora de la trilogía Las Polacas,
y que escribieron también sobre el tema del peronismo.
Es la dramaturgia más parecida a la dramaturgia del autor.
Hace algunos años estuvo Kartún supervisando unos talleres
y ahí surgen algunos de los textos que aparecen en este trabajo
El último café que dirige Allasino,
aunque en realidad se trata de una idea de Rody Bertol.
Ahí hay una actriz que se llama Alejandra Gómez que
es del grupo Fe De Ratas que hizo una obra, Fiesta,
un trabajo bastante particular, de creación colectiva. Y Alejandra
después genera una obra que se llama El timbre
que es autoría de ella pero también en colaboración
con la perfomance del actor, aunque después trabaja un par de
monólogos con escritura propia.
En Rosario están
haciendo una versión de Los viajeros se mueren
de Veronese y uno nota esa cuestión de que el texto
de acuerdo a la versión original dirigida por Tantanian tiene
que ver con la dramaturgia porteña, y es muy compleja. Después,
trasladado ese texto a la visión del grupo de Rosario,
uno nota que en ese grupo aparece una apropiación, hay otro estilo,
hay cuestiones del humor que tienen que ver con el humor que está
circulando en Rosario, en el mismo recinto de la actuación.
Sin embargo por los agujeros de todo eso, uno puede detectar que aparece
otra vez el texto, que aún nos resuena con sus imágenes,
por más que se lo trabaje en otro contexto tenemos el texto que
aparece. En cambio en otros textos que son de factura actoral justísima,
trasladado a otros actores, a otra puesta, a uno lo extrañaría
mucho pensar que se está hablando de lo mismo. Hasta qué
punto, qué pasaría si ese texto de alguna manera borroneado,
fuera producido en otro lugar. Esto mismo de Rody que hace
Allasino, ahora ya se ve que anda circulando por varios lugares,
pareciera que el formato vende.
Yo creo que todavía estos trabajos apuntan a ver qué pasa
con el tema de la dramaturgia con respecto al actor pero en algunos
casos están en estado incipiente, no son tan profundos como otros.
Hay cosas que no resisten mucho, pareciera como que falta un poquito
más de maduración de esta dramaturgia para poder a lo
mejor entrar a entablar otro tipo de diálogo con la otra dramaturgia,
con el texto de autor que la gente va a ver porque es un texto de Gambaro,
un texto de Pavlovsky. Están preocupados por empezar
a incorporar más cuestiones de la escritura teatral para poder
dar cuenta de todos los procesos que se están trabajando desde
la actuación, desde la dirección misma, me parece que
se ha ido madurando más ese proceso. Insisto que no sé
qué pasa con los públicos que van, también es un
proceso que completa el público, que hasta ahora son sectores
que se circunscriben a determinados grupos. Todavía eso no ha
salido a terrenos un poquito más amplios salvo en los festivales,
eso es interesante: ver qué pasa cuando se sale de los marcos
de producción concreta.
Creo que en muchos casos, de no ser porque la dirección de esa
obra toma trabajos actorales sólidos muy fuertes, si alguno quisiera
trabajar con ese texto, con ese material desde un lugar más debil
desde la actuación, no se sostendría. Por ejemplo, en
el caso de Hasta la exageración, de Hijos
de Roche. Nosotros la seguimos desde el comienzo, en el estreno
era un regodeo de las dos actrices, un material al que incluso todavía
le faltaba reelaboración, pero, por ejemplo, notábamos
un grupo de adherentes que disfrutaban mucho de verlas. Me parece que
todavía no está claro cómo va a cerrar esta dramaturgia.
La vimos en Rafaela, en la Fiesta Nacional del Teatro,
con una gran sorpresa porque se ve que la estuvieron retrabajando, rearmando,
dosificando los mismos registros en las dos actrices, entonces vos empezás
a encontrar mucho más sentido de los que encontrabas originalmente.
En el estreno había cosas muy oscuras todavía. Pero eso
es lo que tiene esta dramaturgia, es decir, si no hay una permanente
calibración de los actores y directores buscando nuevos registros,
hay muchas cosas que se caen y solamente están sostenidas por
la capacidad que tengan los actores de llevar adelante estas cuestiones
y sus efectos.
Me parece que todavía para ciertas escrituras habría que
buscar un balance entre determinados trabajos y determinados actores
de esa escritura, para equilibrarlos. Me parece que hay determinadas
escrituras que son muy apuntaladas por el trabajo actoral y se cargan
de sentido cuando los actores son muy fuertes, y otras veces hay textos
que tienen una maduración que todavía los actores no están
al nivel del registro que está pretendiendo la cuestión
de la autoría. Hasta podría llegar a hablar de dramaturgia
de grupos, en algunos casos.